viernes, 24 de agosto de 2012

Squarepusher - Ufabulum, cuando el maestro vuelve a dar clase

Vuelve al mundo uno de esos clásicos que ha sido criticado y alabado a partes iguales: Tom Jenkinson, más conocido en la esfera electrónica como Squarepusher. Es normal que salgan esos detractores cuando te dedicas a experimentar con una amalgama de géneros diferentes; ya se sabe, el que no arriesga no gana. A lo largo de su dilatada trayectoria, el inglés se ha permitido el lujo de jugar con la IDM, acercarse al rock junto con el jazz y el funk, meterle caña al dubstep o al drum n bass y dedicarse a hacer versiones del Love Will Tear Us Apart o incluso del Asturias de Isaac Albéniz. Es complicado salir indemne ante tan camaleónicas composiciones. Pero Squarepusher es todo un escultor sonoro, uno de los tipos más atrevidos de la electrónica de los últimos tiempos. A pesar de que su último trabajo resultó algo decepcionante, en 2012 ha vuelto con Ufabulum. Y el que tuvo retuvo.

Después de haber hecho un disco más basado en el electro pop y en voces vocoderizadas, Squarepusher ha vuelto a retomar el sendero que le hizo célebre, volviendo a incidir en una compleja composición a base de teclados y programas varios. Del resultado de este Ufabulum yo saco varias conclusiones:

1) Le ha dado al dubstep que se lleva ahora, cercano a lo que ha hecho Clark últimamente, y no sucumbiendo de mala manera como han hecho otros veteranos, véase Orbital o Apollo 440.
2) Hablando de dubstep, deja a la altura del betún a esos que hacen de un patrón, un disco entero y facilón.
3) Vuelve al sonido Warp, al ácido de Aphex Twin. Y eso siempre es bueno.

Los leds del directo
Parece que Squarepusher salió rebotado de las críticas que cosechó Shobaleader One: d'Demonstrator -entendibles, por otra parte-. Cuando estás en la cúspide o hace poco que has estado en ella, se te exige que sigas dando lo mejor, somos así. El caso es que gracias a esta escocida, aunque el inglés no ha recuperado el nivel de principios y mediados de los 2000, su etapa más creativa, ha vuelto de una forma mucho más que digna y ha puesto los puntos sobre las íes. A los tres puntos mencionados anteriormente me remito.

4001 es una inmejorable forma de arrancar un álbum, con dubstep repleto de vitalidad, compaginado con algún latigazo robótico. Buena intensidad para enganchar al oído. Musicalmente, Ufabulum es un trabajo bien estructurado y diseñado para la escucha. Guarda su cara más amable al principio y al final del disco, donde nos encontramos con este dubstep frenético -pero no nocivo-, melódico e inevitablemente pegadizo. Tanto en Unreal Square como en Energy Wizard encontramos ese otro dubstep enfocado a la pista de baile, con ritmo pero sin excesos, y con algún latigazo de robótica distorsión.
Esa buena confección del álbum hace que vayamos pasando de nivel, yendo cada vez a un escalón más oscuro, el cual empieza con el ambiente opresivo de Red In Blue.



Después ya viene lo que viene, el sondio Warp de los 90s, el ácido y el drum n bass, la parte caótica. El lado más caótico del universo. Jenkinson nos mete dentro de una lavadora y le da a ON, para que empecemos a notar cómo nos fusila con sonidos futuristas, industriales y ácidos: The Metallurgist, una apisonadora disonante. Este fragmento del disco es el más difícil de consumir para los no adeptos, pero en cambio resulta el reencuentro con algo que lleva tiempo sin venir a nosotros, ya que las principales mentes pensantes, o están esperando a sacar material inédito (guiño guiño a Richard D. James) o están probando en otros terrenos. Si al principio teníamos sensaciones anímicas positivas, en este segundo tramo nos topamos con la claustrofobia de Drax 2, la espacial Dark Steering y el cañón ácido de 303 Scopem Hard.



Después de este breve reencuentro con la mente oscura de Squarepusher, nos deja descansar y retirarnos con más dubstep melódico y bien compuesto, hasta bonitoy armónico, como el que se desprende en Ecstasic Shock. Cerramos el viaje con el abuso del flanger en On Crack, una canción inquietante.

Después del buen sabor de boca que deja este regreso, sólo queda esperar a que Squarepusher se anime e indague en su parte más creativa, con el objeto de llegar a ser el arquitecto que demostró ser muy al principio de su carrera y sobre todo en la década de los 2000, conjugando lo mejor de su carrera. Será un placer recuperar a uno de los mejores escultores y experimentadores de la electrónica de los últimos tiempos. De momento nos contentamos con Ufabulum, el regreso de un maestro.

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