domingo, 13 de noviembre de 2011

Björn Olsson, langostas y guitarras

Nunca entenderé a la gente que no le gusta el tiempo nublado y gris. Es el mejor tiempo para disfrutar de la música, y sobre todo de la instrumental. Aunque cada uno disfruta sus momentos como le da la real gana, este maravilloso tiempo climático exige que salgas a la terraza o el balcón, o a la porchada de tu bungalow, con los auriculares a tope para disfrutar del arte sonoro. Uno de estos momentos siempre es bueno compartirlo con el tipo del que hablamos hoy, Björn Olsson.
No, no es un tenista, ni un alto ejecutivo nórdico, ni la tercera gemela Olsen; es un compositor sueco. Además ha colaborado con compatriotas como The Soundtrack Of Our Lives o Mando Diao.

La composición que se puede escuchar en su música tiene un acentuado tono guitarrero, que es por eso que hay que escucharle. Sus piezas no son tan complejas como las que pueda hacer Mike Oldfield, pero un tipo al que agrada albergar en tus oídos. Sobre todo por sus canciones tranquilas en las que va añadiendo cada vez más capas de guitarra. Su música tiene un toque Mediterráneo, con vientos frescos que evocan al mar. Olsson debe haberse inspirado en las costas que rodean su país. Además de su gusto por los crustáceos, como se puede observar en las portadas de sus discos.

Uno de esos toques mediterráneos vienen cuando uno escucha sus temas de guitarra española. Y no digamos ya si además utiliza silbidos como si estuviera atrapado en Verano Azul, como ocurre en Tjorn. Faltan las bicicletas.
Aunque sus obras tienen ese toque de relax y ambiente sergioleonesco, ideal para escuchar en el Salon y pedirse una zarzaparrilla, nos quedamos con los discos en los que se dedica exclusivametne a abusar de ese maravilloso instrumento de seis cuerdas.
Para ello es necesario escuchar discos como The Crab o The Lobster. Pero sobre todo el primero, donde escuchamos ráfagas cortas pero que suenan especiales como Track 2, Track 4 o Track 12. Así es como se titulan las canciones. Parece que es cosa de guitarristas el pasarse por el forro el título de un tema, como también hace el amigo Frusciante. Claro que para nosotros mejor eso que tener que pronunciar las canciones de The Lobster (Ännu en lat i H moll, Lat i F# -moll).

En resumen, las producciones de Björn son ideales para escuchar en estos días grises, en los que el sol no molesta. Su música hace de caracola, te arrima el mar Báltico a tus oidos con sus pequeñas ráfagas guitarrísticas. Incrústate los auriculares y disfruta.


jueves, 10 de noviembre de 2011

Zomby - Dedication; lo bueno, si breve, dos veces bueno

Quizá muchos nos hemos preguntado alguna vez si es cierto aquello de "lo bueno, si breve, dos veces bueno". A priori a uno no se le pueden ocurrir muchos casos en los que se cumpla esta ecuación; hasta que se topa con el Dedication de de Zomby. Es un disco con el que ya me había deleitado, pero ya que el 28 de noviembre este inglés sacará otro ep, Tonight, mejor hablar de él para demostrar por qué hay que apuntar la fecha en rojo.

Como viene siendo habitual en los últimos años, no paran de salir artistas dubstep de Reino Unido. En el caso de Zomby, él vino al mundo en 2008, acogido por el sello emblema Hyperdub. Por aquél entonces, en su ep debut (Zomby), conjugaba su dubstep con unos sonidos de 8-bits -dignos de arcaicos videojuegos- y algún vocal que recordaba a Aphex Twin. Poco después lanzaría su primer larga duración Where We U In '92?, un disco con unas raíces eminentemente ácidas y raveras -de ahí el título del trabajo- pero amoldadas a los tiempos actuales y al dubstep. Un tipo majete Zomby, que en ese disco metió un tema dedicado al Street Fighter II, sampleando a Guile.

Y después de esta breve contextualización, llegamos a 2011, donde después de su paso por Hyperdub y Werk Discs ha llegado este año al sacro sello 4AD (Atlas Sound, Blonde Redhead, Mountain Goats...). En él ha pasado de su registro más dubstep para explorar nuevas posibilidades. El resultado; muy bueno, pero nos deja con ganas demás. Y es que la mitad de los cortes del disco no llegan a dos minutos. Algunos incluso no pasan del minuto. Lo suficiente para poder degustar que la miel que te deja en los labios. La verdad, podría haberse esmerado un poco más en estirar ciertos temas, que parecen como proyectos a medias. A lo largo del disco atraviesa desde el dubstep más estándar con Vortex hasta joyas sintéticas como Black Orchid. Todo ello sin olvidar una de las bellezas del disco, como es Natalia's Song, una de las pocas ocasiones de esuchar algo vocal.

Dedication, que por cierto está dedicado a su fallecido padre, incluye esa parte de música gris que escuchar en un cementerio, como en las idas y venidas de ríos sonoros de Things Fall Apart. Continúan esas gotas digitales, cercanas a los 8 bits, en delicadas melodías oníricas como Digital Rain o Mozaik. Lo decíamos más arriba, "lo bueno si breve, dos veces bueno". El disco está repleto de regalos sonoros que poseen el calmado ambiente de Burial en Witch Hunt, o los ritmos más Aphex Twin en Florence, tema que dicho sea, recuerda a Nannou.
Respecto a los temas que duran menos de un minuto, una pena que no se les haya explotado; podría haber seguido el baile étnico de la bahía de Salamander; la paleta de colores de Lucifer o el estallido después del preludio de Vanquish. Consigue que le odiemos por no hacer un disco más largo, buena señal.

Pero ciertamente, aún es joven, o al menos eso suponemos tras ver su foto, pues no hay mucha información sobre él. Lo que queda fuera de toda duda es el potencial que demuestra en sus producciones. Ansioso estoy de escuchar nuevo material de este nuevo socio del dubstep, gustoso de experimentar más allá de las curvas bruscas de otros compatriotas. Por cierto, su nuevo ep, parece que volverá por los fueros acidoraveros.

Zomby - Natalia's Song by marsbars

El simpático Zomby nos enseña su capucha

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Polock + The Asimovs @Club Camelot, noche de baile

Continúa el ruedo musical de Camelot y el pasado sábado tocó el turno de uno de los grupos jóvenes que más vienen despuntando últimamente, los valencianos Polock, el grupo por el que se movilizó la gran parte del público asistente. Pero antes de su directo, era la hora de ver a los teloneros, que en un principio iban a ser los ilicitanos Aardvark Asteroid, pero dada su baja, ésta fue cubierta por The Asimovs.

THE ASIMOVS

Los teloneros suelen tener una difícil papeleta; entretener a un público que no ha venido a verles. En ocasiones no lo consiguen y siguen tocando mientras la gente se dedica a hablar entre ella y consumir cerveza cual hooligan. Pero afortunadamente, para público y grupo, este no fue el caso. El grupo en honor a Isaac Asimov se mostró como una banda con una marcada tendencia hacia el pop rock independiente con su correspondiente gusto por el sintetizador. Quizá en otra tesitura los asistentes hubieran estado todo el rato bailando, pero se les prestó interés y acabaron gustando. También ayudó la puesta en escena del excéntrico cantante, que empezó vestido de marinero y acabó descamisado. Además, bailaba de una forma espasmódica a caballo entre Ian Curtis y Brett Anderson. Lo que se dice un tipo con carisma.

Aunque la idea del grupo esté bastante trillada, aún funcina y hubo momentos en los que sonaban realmente bien, con un bajo que tenía más protagonismo del que suele tener habitualmente, buenos riffs de guitarra y un batería que golpeaba bien fuerte. Empezaron algo sosetes pero fueron sacando cada vez lo mejor de su repertorio, con temas pegadizos y con más cuerpo como Photograph. Tenían temas bastante dinámicos con riffs que bien limados pueden tener bastante efectividad, como el caso de Painkiller. También sonaron otras canciones como Animal Nation o Intruders. Al final acabó el concierto con el vocalista, que es inglés, fuera del escenario. Muy buen preludio, gustaron más de lo esperado.


POLOCK

Y por fin llegó la hora que la mayoría de los asistentes estaban esperando; la hora de ver a Polock, ese grupo valenciano que debutó el año pasado con Getting Down From The Trees y que poco a poco están cogiendo más aire. De hecho, antes de pisar Elche ya han estado fuera de nuestras fronteras, ya sea Inglaterra o Japón entre otros.
A caballo entre Phoenix y algún guitarrazo strokiano, Polock proponen un colorido pop con una apuesta por el teclado y un apoyo de percusión para la batería, lo que propicia más todavía el baile. Fue unas de las constantes del concierto precisamente, conforme más avanzaba el concierto más se iba animando el personal. Al final el propio público fue acercándose a la primera fila para avasallar el escenario con los valencianos encima.

Polock no van a redescubrir a estas alturas el pop rock español, pero sí es cierto que tiene un toque diferente y no es sólo el cantar en inglés, que ya puestos les abre la puerta internacional y les distingue de la mayor parte de grupos patrios, es lo sólidos que suenan en su disco de debut del pasado 2010. En él practican ese toque de pop delicado y elegante pero con buenos punteos guitarreros de vez en cuando, apoyados en el teclado, tan necesario y presente en la actualidad. Tienen las cualidades necesarias para despuntar más dentro de poco y consolidarse más férreamente en el panorama español e incluso no tan español. A destacar, la coordinación rítmica entre guitarras, bajo y la batería acompañada de la percusión que golpeaba el teclista.
Estuvieron repasando su único disco por el momento y entre otras sonaron temas como Not So Well, Sometimes, Night Shot... Para rematar el directo, bis incluido, sonó su hit, el que la mayoría de los fans esperaban, Fireworks. También algún tema en el que reinó el buen rollo y el baile como Tangerines & Unicorns.

Dejaron buen sabor de boca Polock, aunque uno de los puntos débiles del grupo es lo poco variado de su disco, y por ende, del directo. Que no quiere decir que sea malo, pero tocar todo el rato temas que suenan parecidos entre sí puede resultar algo monótono, aunque se entienda si es la 'idea' de un álbum. No obstante, aún tienen mucho margen de mejora territorio que recorrer. Sólo se trata de evolucionar.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Let's Wrestle - Nursing Home, un disco para estar por casa

No son obras maestras; ni siquiera pequeñas joyas; pero son los discos que te salvan una tarde. Son álbumes de esos que vulgarmente se dice que 'están bien'. Uno de esos trabajos, que no destacan de sobremanera pero que tienen una escucha muy aceptable, es el segundo trabajo del trío londinense Let's Wrestle, Nursing Home. El disco está escudado por el sello Merge Records (Arcade Fire, Caribou, Neutral Milk Hotel, Dinosaur Jr...) y además ha pasado el filtro de uno de esos productores que suelen sacar bastante petróleo en lo que tocan: Steve Albini (Pixies, Nirvana, Manic Street Preachers, Pj Harvey...).

En la dura lucha por darse a conocer, si es que ese es su objetivo, a los grupos siempre les queda el que se estén dedicando a lo que más les gusta. A pesar de que el debut de estos amigos de Londres fue en 2009, aún es verdaderamente pronto para llegar más lejos. De momento pueden seguir tranquilamente en Merge con su música fresca.
Let's Wrestle desprenden aura de buen rollo, con su rock independiente de ráfagas rápidas típicas de Futureheads, pero con un gustillo por los punteos y distorsiones propias de grupos más 'serios'. Lo dicho, un disco hecho para disfrutar de una tarde, que se lo escucha uno de un tirón sin darse cuenta.

El disco empieza con In Dreams Part II, con una doble parte vocal y leves punteos que rompen con la linealidad de la guitarra. Resultado, canción simpática como la que le sigue If I Keep On Loving You. El problema del disco es que aunque contenga mucha vitalidad, puede utiliza todo el rato la misma fórmula. Aunque es en el segundo tramo donde encontramos que los patrones varían algo más, de lo contrario, podría ser demasiado monótono y falto de interés.
Esas canciones que dan un respiro de aire son algunas como I'm So Lazy, I Forgot, Getting Rest...
En definitiva, uno de esos discos que le hacen a uno pasar unos buenos minutos. No necesita ninguna escucha especial súper concentrado a ver qué detalles capta. Lo que se escucha es lo que hay; música energética, a veces frenética, como en There's Rockstar In My Room o la weezeriana I Will Not Give In. Pero también hay detalles más intimistas como el cierre con Getting Rest, donde efectivamente, los oídos descansan después de tanto movimiento.

Disco ideal para ponerse de fondo en los quehaceres de la vida.

Let's Wrestle - For My Mother by MergeRecords